Cuando Nasreen conoció a su esposo Iyad, descubrió que compartían un punto de partida fundamental: ambos eran beduinos sionistas, profundamente ligados al Estado de Israel y al pueblo de Israel. Se establecieron en el moshav Yated junto con sus cuatro hijos. Cuando los terroristas entraron en el moshav, Nasreen ayudó a capturarlos, con valentía y sangre fría, demostrando una creatividad mental poco común.
Crédito: Adi Goren